La Biología de la Glándula Mamaria
El cáncer de mama se origina cuando las células del tejido mamario comienzan a crecer de forma descontrolada. Estadísticamente, es la neoplasia maligna más frecuente en mujeres a nivel mundial; sin embargo, las tasas de supervivencia han aumentado drásticamente gracias a dos factores fundamentales: el tamizaje temprano y el entendimiento de los subtipos biológicos.
La mayoría de los tumores mamarios son carcinomas ductales (que comienzan en los conductos que transportan la leche hacia el pezón) o carcinomas lobulillares (que inician en las glándulas productoras de leche). Un diagnóstico histopatológico detallado es vital, ya que nos revelará si el tumor es impulsado por hormonas (Receptores de Estrógeno/Progesterona positivos), por una sobreexpresión genética (HER2 positivo) o si carece de estos tres marcadores (Triple Negativo).
El Estadio 0 (Carcinoma In Situ)
Es la forma más temprana de la enfermedad. Las células cancerosas están confinadas dentro de los conductos galactóforos y no han invadido el tejido adiposo circundante. Su detección depende casi exclusivamente de una mamografía de alta calidad, ya que rara vez forma un bulto palpable. La tasa de curación en esta etapa supera el 98%.
La confirmación de la enfermedad se realiza mediante una Biopsia Core. A partir de esa muestra de tejido, el equipo multidisciplinario (radiólogo, patólogo y oncólogo) traza un mapa genómico y anatómico del tumor. No existen dos pacientes iguales, por lo tanto, no existen dos planes de tratamiento idénticos.